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ASÍ PIENSAN HOY 

'SACERDOTES SANTOS'

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL BOLETÍN Nº 28 DE "ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA"

CONSEJO DIOCESANO SANTIAGO DE COMPOSTELA - AÑO SANTO COMPOSTELANO 2010

D. BALTASAR PARDAL VIDAL

      Traer al boletín de la ANE Diocesana, en este Año Jubilar Sacerdotal, la figura del sacerdote diocesano, D. Baltasar Pardal Vidal, es hablar de un sacerdote ejemplar, cuya causa de beatificación se encuentra ya en Roma.

      "La Eucaristía es nuestro norte, Jesús Sacramentado es nuestro ideal; vivir en Él y por Él mediante la Comunión es nuestra dicha". La vida de D. Baltasar es una vida basada en la Eucaristía. La fuerza que necesitó para ser el gran pedogogo catequético de nuestra diócesis, el fundador de La Grande Obra de Atocha y del Instituto Secular de las Hijas de la Natividad de María, la encontró en la Eucaristía. Solamente un hombre enamorado de la Eucaristía puede pedir que lo dejen descansar "entre los niños para continuar haciendo con ellos las visitas a Jesús Sacramentado", tal como se lee en la lápida de su sepultura en el presbiterio de la Capilla de La Grande Obra de Atocha en A Coruña.

      No se puede hablar de un sacerdote santo si éste no es un entusiasta de la Eucaristía. Las palabras recogidas en distintas biografías y obras sobre D. Baltasar así lo demuestran. Pero también sus obras materiales. Digno de mención es el sagrario que preside la Capilla de La Grande Obra. Cuando las necesidades económicas para abrir La Grande Obra eran enormes para su inauguración en 1923, manda construir un sagrario "que es el palacio de Jesús: tendrá dos metros de alto, hecho de mármol de Carrara y el arte exterior y la riqueza interior en más para ver que para decir". Pero también el Niño Jesús de Atocha, imagen del Sagrado Corazón de Jesús adolescente, el Niño de las Uvas y las Espigas, está inspirado en la Eucaristía. Y porque quiso inflamarmos en su amor, ese Niño Eucaristía nos mostraría el Corazón envuelto en llamas.

      Toda la vida de D. Baltasar se puede ver desde el punto de vista eucarístico. El día de su ordenación sacerdotal dirá: " Me dirigí al Sagrario, donde, postrado, me entregué al Señor como un niño que se ve ante algo muy grande que le asombra y no sabe qué decir sino creer y confiar en Él". Solamente de ese corazón agradecido podrá salir esa ansia apostólica, que se centró en los niños, formando sus almas, conduciéndolos a la Eucaristía y dándoles también el alimento del cuerpo que necesitaban.

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      Don Baltasar nos sigue invitando a adorar la Eucaristía. "El mundo se salvará por la Eucaristía", solía decir, y le pedía a las Hijas de la Natividad "tened intensa vida eucarística". También nos ofrece algunas claves para las futuras generaciones: "La mayor gloria de un Catecismo es que sea Eucarístico"; y nos exhorta ante la indiferencia: "hay quienes no se atreven al santo apostolado, a pesar de vivir tan cerca del Sagrario y de la Eucaristía".

      Encontramos en la figura de D. Baltasar un impluso renovado para seguir viviendo la Eucaristía como fuente y culmen de nuestra vida cristiana, como "ese fuego que da a las almas calor y vida".

                                                              Manuel J. Formoso Fernández. Sacerdote.