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De todas sus numerosas virtudes, en algunas ocasiones no bien acogidas o valoradas por sus contemporáneos, quiero subrayar una que me parece esencial y de total actualidad: su ingente actividad catequética.

En su propuesta educativa, cristología y antropología constituían los puntos de referencia. Don Baltasar, colocó en el centro de sus planes formativos a Cristo Eucaristía, para promover, a través de la educación, el desarrollo humano integral.

Queridas Hijas de la Natividad, la Eucaristía y también la Virgen María, los dos grandes amores de Don Baltasar, han de seguir impregnando todas sus vidas y su quehacer en este apasionante momento histórico que estamos viviendo.

Los grandes interrogantes que surgen en el interior de los jóvenes de hoy, de sus alumnos y alumnas, al igual que las expectativas y los desafíos que se perfilan en su futuro, necesitan una adecuada respuesta educativa. Vivimos tiempos en el que la educación se ha convertido en una "gran emergencia". Un desafío en el que es necesario afrontar tres grandes cuestiones hoy ampliamente difundidas: el nihilismo, el relativismo y la ausencia de Dios. Para muchas personas, la trasgresión, la droga o el alcohol son las vías de fuga de un vacío interior, de un nihilismo -ausencia de valores y de creencias- que corroe silenciosamente el corazón humano. A su vez, la “dictadura del relativismo" desorienta a muchos de nuestros jóvenes, inseguros de que haya certezas o de que algo pueda considerarse claramente como bueno o como malo. En tercer lugar, el debilitamiento de la confianza en la fe o a considerar la fe como un hecho privado, Sin ninguna referencia a la vida social.