Indice del artículo
Noticias 2014
pag3
Páginas 3
Páginas 4
Páginas 5
Páginas 6
Páginas 7
Páginas 8
Páginas 9
Páginas 10
Páginas 11
Páginas 12
Páginas 13
Páginas 14
Páginas 15
Páginas 16
Páginas 17
Páginas 18
Páginas 19
Todas las páginas

    Decreto ‘Ad gentes’ sobre la actividad misionera de la Iglesia:

         “La actividad misionera dimana íntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia, cuya fe salvífica propaga, cuya unidad católica perfecciona dilatándola, sobre cuya apostolicidad se sustenta, el sentido eclesial de cuya jerarquía ejerce, cuya santidad testifica, difunde y promueve” (AG, 6).

      “La Iglesia no está verdaderamente fundada, no vive plenamente, no es signo perfecto de Cristo, mientras no exista y trabaje con la jerarquía un laicada propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede quedar profundamente grabado en las mentes, la vida y el trabajo de un pueblo sin la presencia de los laicos. Por eso, desde la fundación de una Iglesia, se ha de atender sobre todo a constituir un laicado cristiano maduro” (AG, 21).

       3.    Espíritu y acción misionera de Baltasar Pardal

 Una nota que define eclesialmente a Baltasar Pardal es su vocación de sacerdote diocesano, con su consiguiente trabajo pastoral al servicio de su Iglesia local. Sin duda que en él dejaron huella cada uno de los Papas en cuyo pontificado lo ejerció: la catequesis (Pío X), las misiones (Benedicto XV), el laicado y especialmente la Acción Católica (Pío XI), el mundo mejor, renovado desde sus cimientos (Pío XII), el ecumenismo (Juan XXIII).

        La dimensión que más le atrajo, en principio de su apostolado, fue la catequesis; y la dimensión más exigente de su Grande Obra, tras cuajar en una institución secular (Hijas de la Natividad de María) fue su proyecto eclesial, misionera. Una dualidad tan hondamente unida como las dos caras de una moneda: la Catequesis como cara hacia dentro de la vocación apostólica de todo cristiano; y la Missio ad gentes, como cara hacia fuera de la misión apostólica de toda la Iglesia.

     Baltasar Pardal se situaba, individual e institucionalmente, en toda su actividad manifestando esa cara y cruz de su personalidad sacerdotal: catequeta y misionero.

      Trabajo institucional por la Misión

      Las Obras Misionales Pontificias tuvieron desde el principio en La grande Obra un espacio destacado en su sección pastoral: propagando el espíritu misionero entre las personas de su entorno, secundando entusiásticamente las campañas (Domund, Santa Infancia, etc.). Era esta una de las principales muestras de su mentalidad eclesial y, a través de sus actuaciones, de su proyección católica, universalista, misionera y ecuménica. Las recaudaciones de La Grande Obra en las Campañas misioneras, pese a estar en un barrio marginal, eran modélicas en la ciudad coruñesa.

    Baltasar Pardal Vidal fue designado subdelegado diocesano de Misiones en La Coruña y su entorno (40 parroquias matrices y 13 filiales) en noviembre de 1954, ejerciendo este cargo hasta su muerte en marzo de 1963. Desglosó así la labor diocesana única que desempeñaba D. Manuel García, profesor del Seminario, consiguiendo que se recaudase en ese territorio –en la campañas del Domund- tanto e incluso más que en el resto de la diócesis.

    Organizó allí el centro coordinador de actividades de las Obras Misionales y puso en marcha una serie de actuaciones: grupos seglares de apostolado misionero en catequesis, colegios, parroquias, cursos de formación para miembros de la Cruzada Misional de Estudiantes, encuentros formativos para sacerdotes, religiosos y seglares, etc.